09 de marzo de 2026
“Los esfuerzos para persuadir a los viajeros pendulares de que sustituyan el automóvil por modos de transporte sostenibles son a menudo insuficientes, especialmente en el ámbito local, donde se gestiona principalmente la movilidad urbana”. Para entender esta frase, primero hay que entender qué son los “viajeros pendulares”, que son aquellas personas que se desplazan regularmente entre dos lugares, normalmente desde casa hasta el trabajo o el centro de estudios. Y después, ponerlo en contexto. Esta sentencia forma parte un reciente informe del Tribunal de Cuentas Europeo sobre movilidad urbana sostenible que analiza los avances en materia de movilidad urbana en diversas ciudades de Europa.
Este análisis llega en un momento muy relevante, ya que la UE asignó más de 60.000 millones de euros en el periodo 2014-2027 para promover la movilidad sostenible de los ciudadanos. Esa inversión fue acompañada de numerosos esfuerzos para que las principales ciudades de los estados miembros aprobasen Planes de Movilidad Urbana Sostenibles (PMUS), que son obligatorios para casi 500 municipios. Sin embargo, estas inversiones y esfuerzos no están dando sus frutos, puesto que el coche particular sigue estando sobreutilizado en el entorno urbano.
La auditoría subraya que las medidas restrictivas, como las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), pierden eficacia si no van acompañadas de alternativas sólidas que ofrezcan la misma flexibilidad que el vehículo privado. En este escenario, el sector del taxi y la VTC emerge no como un competidor del sistema público de transporte, sino como un aliado estratégico indispensable. Estos servicios permiten una gestión inteligente de la demanda, optimizando el uso del espacio público y reduciendo la necesidad de usar el coche particular, un paso crítico para descongestionar el corazón de nuestras ciudades.
En un contexto donde 3 de cada 4 personas en la UE viven en zonas urbanas y la congestión urbana cuesta alrededor de 180.000 millones de euros al año, es urgente que busquemos soluciones para que las ciudades sean, cada vez, lugares más agradables para vivir, con mejor calidad del aire y con entornos menos hostiles.
Otro de los desafíos identificados en el informe es la equidad en el acceso. La movilidad no puede ser un privilegio del centro urbano, puesto que esos desplazamientos habituales no son siempre de la periferia al centro o viceversa, sino que hay zonas clave diseminadas por toda la ciudad, incluso fuera de ella. Sin embargo, especialmente en la periferia de las grandes metrópolis y en la conexión entre barrios, la oferta de transporte colectivo suele ser insuficiente o rígida. Es aquí donde el taxi y la VTC aportan su mayor valor social: proporcionan capilaridad y garantizan que un ciudadano en un barrio con baja dotación de infraestructura pueda conectarse con los nodos principales sin depender de un coche propio.
Desde una perspectiva regulatoria, el informe del TCE invita a repensar cómo incentivamos la intermodalidad. No se trata solo de tener carriles bus o estaciones de metro, sino de cómo facilitamos que el usuario combine, por ejemplo, una plataforma de movilidad con el transporte ferroviario o de superficie de manera fluida. El coche en este mix no tiene por qué ser una herramienta “finalista”, sino que puede llevarte a un lugar intermedio o al nodo en cuestión.
Por último, el impacto ambiental es innegable. La renovación de flotas hacia vehículos de cero o bajas emisiones en el sector del transporte público discrecional es más rápida que la renovación de los coches particulares. Además, estos taxis y VTC realizan muchos más viajes por hora que un coche particular, que está, de media, parado más del 95% del tiempo.
En definitiva, reducir el uso del coche particular en los entornos urbanos requiere una visión valiente que entienda la movilidad como un ecosistema, y que ofrezca alternativas suficientes a los ciudadanos. El reto para los responsables públicos es poner a disposición de los ciudadanos una oferta real de opciones que les permitan tomar la decisión de variar su forma habitual de desplazarse al trabajo o a su lugar de estudio. Mientras sigamos poniendo parches y evitando enfrentarnos a la realidad, las ciudades seguirán tomadas por los coches, en detrimento de los propios ciudadanos.