27 de febrero de 2026
Recientemente hemos lanzado nuestra nueva plataforma de comunicación: Meidin Madrid. Y aunque visto desde fuera pueda parecer “una campaña más”, desde dentro siempre supimos que ahí había algo distinto. Teníamos la sensación (y el convencimiento) de que no estábamos sólo presentando una pieza creativa, sino movilizando un activo estratégico que llevaba tiempo esperando su momento.
Todo empezó con un dato que nos hizo parar y reflexionar: ocho de cada diez ciudadanos elegirían Cabify si supieran que es una compañía española. Esto significa que a más del 60% le importa que la marca sea de aquí. Y, sin embargo, solo un 23% sabe que somos españoles. La intención estaba. El vínculo potencial estaba. Lo que faltaba era contarlo. Y contarlo de una manera relevante, que realmente conectará con nuestro usuario. En una categoría tan comoditizada como la movilidad, donde el producto tiende a la paridad y el precio o el tiempo de espera parecen dominar la decisión, la identidad se convierte en un territorio diferencial. Y nosotros teníamos uno poco explotado: nuestro origen.
Así nació Meidin Madrid. Un juego de palabras que encierra algo mucho más profundo. El insight es sencillo pero potente: la forma de hablar es uno de los códigos de pertenencia más fuertes que existen. No importa si naciste en Chamberí o llegaste hace dos años; si vives Madrid, acabas diciendo “la Prospe”, “el Dosde” o acortando todo con naturalidad. La manera en que hablamos construye identidad. Y entendimos que si queríamos dejar de ser una app que opera en Madrid para convertirnos en una app que es de Madrid, teníamos que hablar como la ciudad.
Pero posicionarse como marca local no es solo una cuestión semántica ni un recurso creativo. Frente a modelos globales, cuya fortaleza está en la escala y la homogeneidad, nosotros podemos jugar otra partida. Ser “Meidin Madrid” significa que la tecnología se desarrolla aquí, que el talento trabaja aquí, que los impuestos se pagan aquí y que el impacto económico se queda aquí. Significa que cuando Madrid debate sobre movilidad, sostenibilidad o regulación, no somos un actor externo defendiendo un modelo replicado, sino una compañía que forma parte del tejido local y que tiene un interés real en el largo plazo.
En un mundo que empuja a las marcas hacia la estandarización global, reivindicar lo local es casi una anomalía estratégica, pero también es una barrera de entrada cultural. La cultura es difícil de copiar. Las expresiones, los códigos y el tono no se descargan en un manual internacional. Cuando abrazamos ese territorio, dejamos de competir solo en funcionalidad y empezamos a competir en pertenencia. Y la pertenencia genera algo que el precio no puede comprar: preferencia sostenida en el tiempo.
Meidin Madrid es, para nosotros, el inicio de algo más grande que una campaña. Es una forma de ordenar el posicionamiento en la ciudad donde empezó todo. Madrid no es solamente una prioridad en nuestro plan de crecimiento. Es el origen. Y a veces la verdadera ventaja competitiva no está en inventar algo nuevo, sino en reconocer con orgullo lo que siempre has sido.