Dec 16, 2025
Barcelona siempre ha sabido pensarse a sí misma como una ciudad en movimiento. Una ciudad innovadora, transformadora y que entiende la movilidad no solo como una cuestión técnica, sino como una pieza esencial de su modelo social, económico y urbano. Hoy, ese debate vuelve a situarse en primer plano con la nueva ley que se plantea para nuestro sector, una norma llamada a definir cómo nos moveremos y trabajaremos en los próximos años.
Hablar de movilidad es hablar de personas. De quienes se desplazan cada día para trabajar, estudiar o cuidar; de quienes visitan la ciudad; de quienes hacen posible que ese sistema funcione. Por eso, cualquier cambio regulatorio merece una reflexión serena, ambiciosa y, sobre todo, consciente de sus consecuencias. Regular no es simplemente limitar o permitir, es decidir qué modelo de ciudad queremos construir.
Para Cabify, Barcelona es mucho más que un mercado. Es un espacio de convivencia entre innovación y tradición, un entorno donde la tecnología puede y debe ponerse al servicio del bien común. Desde hace años formamos parte del ecosistema de movilidad de la ciudad, complementando su extensa red de transporte público, invirtiendo en sostenibilidad y generando empleo. Nuestra presencia no responde a una moda pasajera, sino a una demanda real de la ciudadanía que busca opciones seguras, eficientes y responsables.
La regulación es necesaria. Nadie lo discute. Pero también lo es que sea equilibrada y proporcionada. Una norma que reduce de forma drástica la capacidad de operar de determinados servicios no sólo empobrece la oferta disponible, sino que corre el riesgo de hacer más rígido un sistema que necesita flexibilidad para responder a los retos actuales. La movilidad urbana del siglo XXI exige soluciones diversas, capaces de convivir y complementarse, no de excluirse.
En este debate, el empleo ocupa un lugar central. Detrás de cada vehículo hay historias personales, proyectos de vida y familias que dependen de esta actividad. Son empleos de calidad, que aportan estabilidad y generan riqueza en el territorio. Ignorar este impacto social sería un error que Barcelona no puede permitirse. Defender la movilidad también es defender el trabajo digno y la contribución económica que sostiene los servicios públicos.
Desde Cabify afrontamos este momento con una convicción firme: el futuro se construye desde el diálogo. Creemos en la colaboración con las administraciones públicas, en el intercambio de datos, en la escucha activa y en la búsqueda de soluciones compartidas. No se trata de confrontar modelos, sino de integrarlos con inteligencia y visión de largo plazo.
Seguiremos apostando por una flota cada vez más sostenible, por la accesibilidad, por la innovación tecnológica y por la calidad del servicio. Seguiremos invirtiendo en Barcelona y acompañando su transformación urbana. Y seguiremos defendiendo una regulación que no mire al pasado, sino que entienda la movilidad como una oportunidad para avanzar.
Regular debería ser, ante todo, un ejercicio de responsabilidad colectiva. Barcelona tiene ante sí la oportunidad de volver a liderar, de demostrar que es posible ordenar la movilidad sin renunciar a la innovación, proteger el empleo y mejorar la vida de quienes la habitan.