Feb 05, 2026
En el ecosistema de la movilidad urbana en Chile, la tecnología ha avanzado a pasos agigantados, pero la paridad en el asiento del conductor sigue siendo una tarea pendiente. Mientras la digitalización transforma nuestras ciudades, observamos una realidad persistente: el interés de las mujeres por sumarse a la economía de plataformas es real, pero se estrella contra un muro de trabas estructurales. Actualmente, en sectores como la logística, solo el 13% de las conductoras profesionales son mujeres según datos del Directorio de Transporte Público Metropolitano, y en el transporte de carga pesada, la cifra cae a un crítico 1,4% de acuerdo con los registros de la Subsecretaría de Transportes. En Cabify estamos convencidos de que el futuro de nuestras ciudades no solo debe ser inteligente, sino profundamente inclusivo.
Como compañía, entendemos que el perfil de la conductora actual busca, por sobre todo, flexibilidad. A diferencia del modelo tradicional, la gran mayoría de las mujeres en aplicaciones no se dedican al 100% del tiempo a conducir; lo hacen de forma complementaria para compatibilizar la generación de ingresos con la crianza o el cuidado de terceros. Sin embargo, los esfuerzos privados son insuficientes si el entorno regulatorio mantiene requisitos diseñados para jornadas rígidas. Estas exigencias actúan como “techos de cristal” que no consideran que más del 45% de las mujeres que buscan profesionalizarse en el mundo del transporte son proveedoras principales de su hogar según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INE y requieren sistemas que se adapten a su realidad, y no al revés.
La baja participación femenina no es solo un dato estadístico; es una oportunidad de eficiencia perdida para el país. Una mayor presencia de conductoras eleva los estándares de seguridad: según datos de la CONASET, la evidencia en seguridad vial indica que los hombres son casi 3 veces más propensos a fallecer en siniestros de tránsito que las mujeres jóvenes, y la incorporación femenina ha demostrado una disminución en la agresividad vial. No podemos hablar de modernización si seguimos administrando un sistema que, por diseño burocrático, excluye a una fuerza laboral que aporta mayor seguridad y que utiliza la tecnología como una herramienta de equilibrio entre su vida personal y económica.
De cara a la plena implementación de la Ley EAT en Chile, es vital que la normativa nazca con una visión de género que reconozca la naturaleza flexible de esta industria. El éxito de cualquier regulación se medirá por su capacidad de integrar, no de excluir. En Cabify, seguiremos impulsando esta conversación porque el horizonte de la movilidad chilena será verdaderamente innovador solo cuando el camino esté despejado para que todas las mujeres puedan conducir su propio destino económico.