Los tres pulmones urbanos 'dorados' del mundo
Parques, pequeños parterres, medianas llenas de vegetación, huertos vecinales, jardines botánicos, bosques urbanos, balcones convertidos en locus amoenus... cada árbol situado en un asfixiante hueco entre el asfalto de una calle es un pequeño pulmón de vida y una oportunidad para saciar nuestro encuentro diario con la naturaleza. Lo refrendan infinitos estudios, como el publicado recientemente por ISGlobal (Instituto de Salud Global) que encontró “una asociación protectora entre la cantidad y el acceso al espacio verde, y la ansiedad y la depresión. Se observó que esta asociación se explica, en parte, por una menor exposición a la contaminación del aire y el ruido y, en menor medida, por una mayor actividad física y apoyo social”; lo refrenda, además, nuestro sentido común y el aprendizaje adquirido durante el confinamiento pandémico. Necesitamos salir, respirar, pasear. Y, en muchos casos, el asfalto no es una opción.
El verde nos da y es vida. Y existe una asociación mundial que se encarga de velar por estos pequeños y grandes recodos urbanos, World Urban Parks, la organización internacional dedicada a la estudio y protección de los espacios al aire libre en las ciudades. En su último trabajo publicado, buscan 'Crear una visión de futuro desde el legado del pasado', un ambicioso informe que sobrevuela el terreno de las ideas y que pone el foco en la urgencia de invertir todos los esfuerzos en este momento, ahora, ya, de cara a generar un entorno “sostenible, resiliente y vivible” utilizando las palabras de la activista Isha Clarke para ejemplificarlo: “Podríamos haber nacido en cualquier momento, pero estamos aquí y ahora y tenemos el poder y la responsabilidad de realizar un cambio radical”.
Ahora bien, durante el paper, se hacen eco de los acuerdos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021, que tildan de 'blandos': “esto demuestra una tremenda dificultad de financiación y de compromiso que pueda lograr un cambio serio. Aunque pese a encontrarnos en un entorno desalentador, seguimos siendo optimistas en vista de la capacidad creativa y la empatía que demuestran los gobiernos locales, promotores, organizaciones comunitarias, residentes, filántropos, voluntarios y otros”.
Los tres mejores parques urbanos del mundo
World Urban Parks también lanza, anualmente y desde 2018, un concurso en el que se elige el 'mejor parque urbano del mundo' para poner sobre la mesa los mejores ejemplos del globo en cuanto a diseño, características, instalaciones, protección, participación comunitaria y mantenimiento. Y pese a que en cada edición sobrevuelan premios honoríficos, bronces y platas, solamente tres parques se han llevado el 'oro', tal es la exigencia del jurado.
El último premiado (2019) es el Bosque de Chapultepec, en Ciudad de México, el máximo exponente de lo que debería condensar un espacio verde urbano. Más de 600 hectáreas de verde, moteado por diferentes obras de arte contemporáneo y una excelsa gestión, que se ha convertido en el principal regulador de la calidad del aire de la ciudad, y posee desde museos a espacios educativos y deportivos, además de innumerables opciones para descansar, leer, y apreciar la fauna y la flora.
Para encontrar a los otros dos dorados nos tenemos que remontar a 2018. Empezamos por Centennial Park, en Sídney, que obtuvo el galardón “por su mezcla bien gestionada y protegida de rica naturaleza, patrimonio bien conservado y oferta de una buena gama de actividades, en cooperación con la comunidad en el corazón del densamente poblado interior de Sídney”. Un lugar magnánimo, que ocupa 189 hectáreas a unos 4 kilómetros al sureste del distrito financiero. El parque se inauguró en 1888 tras haber servido previamente a la red de abastecimiento de agua de la ciudad. En su interior se organizan actividades para niños, cursos de jardinería, se cuidan huertos urbanos de manera comunitaria, actividades de astronomía y observación de estrellas... Y en su amplitud, hay un pinar, un pantano, un lago... un conjunto de ecosistemas en el corazón de la ciudad australiana.
El último dorado es Phoenix Park, en Dublín, del que el jurado destacaba su labor como nexo social, como lugar al servicio de los dublineses. Estamos hablando de 712 hectáreas “donde Dublín respira”, como presume el ayuntamiento de la ciudad. En sus orígenes, fue un terreno de caza real, pero volvió a servir al ciudadano de a pie en 1747. En su interior, la historia de la ciudad se sucede entre monumento y monumento pero si por algo es conocido es por su gran población de gamos, que conviven con los paseantes.
El incuestionable beneficio de las zonas verdes urbanas
Chapultepec, Centennial y Phoenix Park son tres espacios muy diferentes entre sí. Pero todos logran esa conexión con los ciudadanos y entrelazan su naturaleza con el día a día del habitante. Los flâneurs (término adoptado en el París del siglo XIX y procedente de 'Las flores del mal' de Charles Baudelaire) paseaban por las ciudades sin rumbo fijo y al ritmo marcado por la vida de la urbe y por el mero hecho de escucharla, sentirla y conocerla en toda su profundidad. Coetáneo a estos caminantes, Thoreau hacía todo un alegato en su conferencia 'Caminar' sobre los placeres del deambular, del dejarse llevar siempre y cuando haya verde y, a poder ser, sea salvaje: “Cuando caminamos, nos dirigimos naturalmente hacia los campos y los bosques: ¿qué sería de nosotros si sólo paseásemos por un jardín o por una avenida?”.
Los espacios verdes urbanos mejoran la calidad de vida de los vecinos a todos los niveles, de ahí que la OMS recomiende entre 9 y 11 m2 de área verde por habitante. Es reseñable la conclusión del informe sobre 'La necesidad de espacios verdes urbanos para el desarrollo óptimo de los niños' de Unicef:
“Además de los beneficios ambientales obvios, como los que tienen en la calidad del aire o la temperatura de la ciudad, se destacan otros aspectos positivos de estos espacios de vegetación: un ejemplo sería que la violencia y el crimen tienden a disminuir en torno a los espacios verdes como resultado de una mayor cohesión social. Además, debido a los beneficios que estos espacios tienen en la salud de la ciudadanía, ayudan a reducir, también, el coste de la atención médica. Y, por último, afectan positivamente a las propiedades inmobiliarias, aumentando su valor”.
También ISGlobal determinó, tras analizar más de 1000 ciudades en 31 países europeos, que “se podrían prevenir hasta 43.000 muertes prematuras cada año si se cumplieran las
recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud con respecto a la cercanía residencial a los espacios verdes” (recomendación que reza que por cada aumento del 2% de la vegetación a 500 metros de la vivienda de cada persona, se reduce un 4% su riesgo de morir prematuramente). El mismo estudio, publicado en The Lancet Planetary Health, muestra que “el 62% de la población europea vive en áreas con menos espacios verdes de lo recomendado”. Por su parte, la ONU señala que el 88% de los habitantes de zonas urbanas están expuestos a unos niveles de contaminación del aire exterior superiores a lo establecido en las Guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Calidad del Aire. Si hablamos de Latinoamérica y el Caribe, un estudio del BID (Banco Interamericano de Desarrollo)ordena sus ciudades según la extensión de espacios verdes por habitante, siendo Curitiba (Brasil) la indiscutible ganadora. Le siguen Porto Alegre, Montevideo, Sao Paulo, Rosario, Belo Horizonte, Campinas, Guayaquil, Bucaramanga, Bogotá, Medellín, Santiago, Mar de Plata, Cali, Buenos Aires, Trujillo, Guadalajara, Recife, Cochabamba, Barranquilla. Y una conclusión evidente: la inclusión de árboles en espacios urbanos es de suma importancia.
Retos de las ciudades y sus pulmones verdes
¿Y cuál es la salud actual de los espacios verdes urbanos? ¿Se les presta la atención necesaria pese a ser uno de los puntos indispensables en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas?
Pese a las diferencias y desigualdades estructurales de los países que forman parte de World Urban Parks, la organización internacional pone el foco en varios retos: “Para construir un futuro siglo XXII mejor debemos cuestionar nuestras relaciones históricas con los espacios naturales urbanos, suburbanos y rurales, y cómo se mantienen, diseñan, programan, aseguran y ubican. Tenemos que hacer evolucionar nuestras políticas históricas, como en la seguridad de los parques, eliminar las tarifas de entrada que limitan el acceso de diversos grupos racializados y aquellos con menores ingresos y niveles de educación, invertir en la mejora de las malas condiciones de los parques y los parques de menor tamaño en las comunidades racializadas y de bajos ingresos, y aprender de los conocimientos y prácticas de las administraciones que han mantenido ecosistemas saludables durante décadas. En todas estas necesidades, debemos comprometernos a desarrollar conversaciones difíciles con aquellos que se han beneficiado del paradigma de la herencia, crear empatía y apoyo para los que no se han beneficiado, y generar consenso en torno a nuevas ideas que puedan crear comunidades vibrantes, sanas, inclusivas y equitativas en las que todos los ciudadanos puedan vivir más sanos y felices”.
Para ello, basan su estrategia en tres conceptos: potenciar la naturaleza urbana (“Los dirigentes municipales y socios deben reconocer la importancia estratégica de los parques como un activo para la salud, la resiliencia y la conectividad de la comunidad”), sanar nuestro entorno y nuestra relación con él (“Por ejemplo, preservar el equilibrio ecológico eliminando la contaminación, el establecimiento de protecciones y la recuperación de zonas naturales puede ayudar a proteger especies críticas como la abeja melífera”) y fomentar las asociaciones y la responsabilidad compartida (“No sólo debemos colaborar entre el gobierno y los intereses inmobiliarios privados, sino que también debemos educar educar y hacer partícipes a quienes se benefician o se vean perjudicados por estas decisiones, incluidos los miembros de la comunidad”).
¿Y ahora qué? ¿Cuál es el próximo paso? El Foro Mundial sobre Bosques Urbanos de la FAO hacía hace cuatro años un llamamiento a la gobernanza eficiente de los bosques y árboles urbanos, y a que las políticas internacionales, regionales, nacionales y locales “deben integrar la silvicultura urbana en la planificación urbanística, cuestión que podría reducir los conflictos por el uso del suelo y minimizar la compensación entre las infraestructuras urbanas verdes y grises”. Proactividad, legislación estratégica y concienciación: todo para hacer que nuestras ciudades se vuelvan más verdes, sanas, felices, frescas, silvestres, limpias, ricas y seguras.
“¿Por qué resulta a veces tan arduo decidir hacia dónde caminar? Creo que existe en la Naturaleza un sutil magnetismo y que, si cedemos inconscientemente a él, nos dirigirá correctamente”, decía Thoreau en 'Caminar'. Caminemos.